Construir el Chile del 2030

Si recuerdo mi infancia entre finales de los 80’s y principios de los 90’s, o simplemente revisamos los registros de la época, encontramos un país muy distinto al de hoy. Durante estos cuatro gobiernos se ha fortalecido la economía, se disminuyó la pobreza casi en la mitad; se expandió la cobertura en educación, salud y vivienda; fuimos testigos de un tremendo crecimiento en materia de infraestructura; se puso fin a los hijos “ilegítimos”, y se consiguió una ley de divorcio.

La verdad es que los avances y logros alcanzados son bastos y llegan a prácticamente todas las áreas de la vida. Sin embargo, también han ido quedando muchos temas pendientes y desafíos sin cumplir. No hemos logrado la equidad en la distribución del ingreso, ni la calidad educativa de manera universal; ni una salud de calidad y un programa de vivienda que responda a las necesidades de las familias actuales; seguimos observando una gran brecha en el acceso a los círculos virtuosos, sobre todo en las personas más desposeídas; continuamos con serios problemas en término de capital humano, innovación y tecnología, entre tantas otras materias.

Entonces, mientras algunos sacan cuentas o proyecciones para el Chile del Bicentenario, yo soy un convencido de que debemos comenzar a fundar y dibujar el Chile del 2030. La Concertación ha sido gestora de éstos veinte años; creo que La Nueva Concertación lo será de los próximos veinte años de la historia de nuestro país.

Es nuestra la bandera de la energía nuclear, a la vez que potenciamos las energías naturales. La lucha en contra de instrumentos como DICOM, con quien nadie ha firmado contrato, pero al cual debemos pagarles sus perjuicios; la próxima reforma de la educación superior, que logre mirarla en perspectiva olvidando instituciones tradicionales y privadas, y transparentándola en Públicas y Privadas, porque no es justo que entre todos paguemos negocios particulares; pero sí entre todos a las personas que lo requieran.

Creo en una ley de aborto, y permítanme hablarla sin apellidos; una profunda reforma al sistema tributario, donde los que ganan más paguen más y los que ganan menos paguen lo justo. Tenemos que ser capaces de un sistema que no bote a su gente por su edad, condición social o simplemente por su domicilio. Creo en el desarrollo sindical chileno y su rol en lo que debe ser una reforma laboral hecha pensando en Chile y no en el capital de algunos pocos con influencia.

Los desafíos son múltiples y estoy convencido de que seremos muchos los que dibujaremos con dedicación los caminos del futuro; mi compromiso no empieza ni termina aquí, y será La Nueva Concertación, quien encarne la renovación de las personas, los proyectos y por sobre todo, la renovación de las prácticas y el espíritu real de la Política y no de la politiquería, para atrevernos a volver a soñar el Chile del Futuro.

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